Índice y Cap. 1

Traducción de María M. Delgado

*******

ÍNDICE DE CONTENIDOS

Agradecimientos

1. Escenario para un conflicto: 1881-1908

2. Cristalización: 1908-1914

3. Polarización: la administración militar de 1917-1920

4. Punto muerto: 1920-1923

5. La tregua: 1923-1929

6. Preludio de la revolución: 1930-1935

7. La gran revuelta palestina: 1936-1939

Conclusión

Bibliografía

 

AGRADECIMIENTOS

Estoy en deuda con varias personas cuya ayuda y orientación han sido de enorme valor para terminar este trabajo. En particular, quisiera expresar mi gratitud al Profesor P.J. Vatikiotis y a mi esposa Susanne por su apoyo y estímulo. También debo mi agradecimiento a la Public Record Office por facilitarme el acceso a material protegido por copyright, el cual se publica con el permiso de la HM Stationery Office; a Dar al-Kutub, en El Cairo, y a la Sra. Elizabeth Monroe, del Centre for Middle Eastern Studies, St. Antony’s College, en Oxford; al Sr. N. Mandel y al profesor W. Khalidi por el acceso a manuscritos y documentos privados relevantes para el presente estudio.

 

Capítulo 1

____________________

ESCENARIO PARA UN CONFLICTO: 1881-1908

 

En la época en que ocurrieron los pogromos rusos a principios de la década de 1880 y la subsiguiente primera aliya (inmigración) judía, Palestina se encontraba enteramente bajo el Imperio Otomano. Al oeste del río Jordán,  comprendía la mutasarrifyya (sanjak)* de Jerusalén (Quds-i-Cherif) en el sur, y parte del Vilayet de Sham (Siria) al norte. En 1883 el Vilayet de Sham fue reorganizado, y la parte norte de Palestina, a saber, los sanjaks de Acre y Nablus (Balqa’) pasaron a formar parte del Vilayet de Beirut.

El sanjak de Jerusalén era independiente y estaba vinculado directamente al Ministerio del Interior, dada su importancia para las tres grandes religiones monoteístas. Comprendía la mayor parte del territorio de Palestina y más de tres cuartas partes de su población.[1]

El número total de aldeas era de 672, con una población estimada de 457.592[2] (sin incluir los beduinos). El número de establecimientos educativos en Palestina era de 956, la mayoría de los cuales eran escuelas primarias.

La inmensa mayoría de la población era musulmana suní. Existía un pequeño número de chiitas y de drusos, mientras que alrededor del 16 por ciento de la población era cristiana, principalmente griega ortodoxa, y también católica griega o latina. Arthur Ruppin estimó en 25.000 el número de personas judías en Palestina en 1880.[3] Tanto las personas judías como cristianas eran libres de practicar su religión, y gozaban de un cierto grado de autonomía a través del sistema Millet.[4]

La mayoría de la población musulmana se dedicaba a la agricultura y vivía en aldeas. Además de los campesinos, había un número considerable de beduinos nómadas, en particular en los alrededores de Beersheva. La población urbana, tanto musulmana como cristiana, se dedicaba al comercio, la artesanía y las industrias agrícolas modestas, y algunas personas ocupaban cargos de gobierno.

Antes de 1880, casi toda la población judía de Palestina vivía en sus cuatro ciudades santas: Jerusalén, Tiberíades, Safed y Hebrón. Una proporción considerable de los judíos de Palestina eran mantenidos en gran medida por el sistema de challukah: la recolección de fondos organizada en la diáspora para apoyar a los eruditos piadosos en Palestina. No obstante, la religión no era la única ocupación característica de los judíos en el país: ya en 1851, el cónsul británico en Jerusalén informaba que los judíos constituían la mayoría de los artesanos, lo que incluía a vidrieros, herreros, relojeros, sastres, zapateros o encuadernadores.[5] Además, casi monopolizaban el préstamo de dinero y la limitada banca del país.

Bajo el dominio turco, Palestina estaba gobernada por las principales familias árabes que, debido principalmente al peso de su bien arraigada posición local, eran reclutadas para la clase gobernante del Imperio Otomano. Era una especie de sistema feudal que consistía de un pequeño número de familias propietarias de tierras y un campesinado atrasado, por lo cual los ulemas (intérpretes de las leyes y las tradiciones musulmanas) tenían una posición de poder, ya que eran los únicos que podían conferir legitimidad a los actos del gobierno otomano.

En su excelente estudio Ottoman Reform and the Politics of Notables, Albert Hourani analizó las relaciones de dependencia mutua entre el monarca y los notables, un concepto con implicaciones de gran alcance, no sólo bajo el poder otomano sino durante todo el período estudiado:

La influencia política de los notables se basa en dos factores: por un lado, deben tener acceso a la autoridad, y así poder aconsejar, alertar y en general hablar por la sociedad -o una parte de ella- en la corte del monarca; y por otro, deben tener cierto poder social propio, cualquiera sea su forma y origen, que no dependa del monarca y les dé una posición de liderazgo ‘natural’ y aceptado.[6]

El intento otomano de reformar la administración –el tanzimat* (1856)– tendió a reforzar la posición de los notables en lugar de limitar su papel: «(…) Los notables se convirtieron en patronos de las aldeas, lo que les llevaría a reclamar la propiedad sobre ellas.»[7]

Palestina y las grandes potencias

Los efectos de la decadencia del Imperio Otomano no se limitaron al crecimiento del poder de los notables. A medida que el Estado otomano se hizo cada vez más dependiente de la protección externa ante otros poderes extranjeros y vasallos ambiciosos, las potencias europeas trataron de establecer vínculos directos con las distintas poblaciones del Imperio. Así, Francia se convirtió en el ‘protector’ de las comunidades católicas en Siria, Líbano y Palestina, mientras que los cristianos ortodoxos quedaron bajo la protección rusa. El interés del gobierno británico por Palestina se había despertado durante la campaña palestina de Napoleón (1799), que representaba una amenaza para la ruta terrestre británica hacia la India. Cuando Mohammed Alí de Egipto ocupó Palestina y Siria y derrotó a los ejércitos otomanos, amenazando incluso a la misma Constantinopla, el gobierno británico optó por la intervención militar, que resultó decisiva para hacer retroceder a los ejércitos de Ibrahim Pashá (hijo de Mohammed Alí de regreso a Egipto. Fue durante ese período (1838) cuando el gobierno británico decidió establecer un agente consular británico en Jerusalén y abrir el primer consulado europeo en marzo de 1839.

El avance de Mohammed Alí hacia Siria abrió la ‘cuestión siria’ y resultó en la formulación de las nuevas políticas británicas. Para empezar, Gran Bretaña trató de emular el enfoque de los franceses y de los rusos en la zona. Durante las décadas de 1840 y 1850 el gobierno británico, que no tenía ningún ‘protegido’ propio evidente, estableció lazos con los judíos en Palestina, con los drusos en Líbano y con las nuevas iglesias protestantes. «Detrás de la protección del comercio y de las minorías religiosas están los grandes intereses políticos y estratégicos de las potencias.»[8]

Desde su inicio, la presencia británica en Palestina estuvo asociada a la promoción de los intereses judíos. Albert Hyamson declaró: «(…) Sin embargo, esta cuestión de la protección de los judíos se convirtió, y así se mantuvo durante muchos años, en la principal preocupación del consulado británico en Jerusalén».[9] En un despacho al embajador británico en Constantinopla, el vizconde Palmerston explicaba por qué el Sultán debía fomentar la inmigración judía a Palestina por encima de los beneficios materiales: «(…) El pueblo judío, si retornara bajo la aprobación, protección e invitación del Sultán, sería un freno contra cualquier futura intriga de Mehemet Alí o de su sucesor.»[10]

El ascenso del sionismo político

Podría decirse que el sionismo político moderno es el resultado, por un lado, del fracaso de la era de liberalismo e igualdad que se había anunciado con la Revolución Francesa, y por el otro del crecimiento de las ideas y aspiraciones nacionalistas y colonialistas en la Europa del siglo XIX. Y es que, a pesar del ascenso de Rothschild en las finanzas europeas, del de Disraeli (converso al cristianismo pero orgulloso de su origen judío) en la política británica, y del de Lassalle en el liderazgo del socialismo alemán, la haskalá (la ‘Ilustración’ asimilacionista judía) no alcanzó un éxito completo. Este fracaso parcial podría explicarse por «la incapacidad manifiesta de la visión asimilacionista del antisemitismo: el hecho de que persistía un amargo odio hacia lo judío, incluso allí donde sus objetos eran completamente des-judaizados».[11] La reacción a este fracaso adquirió la forma de un llamamiento a constituir una entidad nacional judía, preferentemente un retorno nacional a Sión.

Así, el sionismo, con su inherente pérdida de esperanza en la plena aceptación futura del judío como individuo por parte de la mayoría de la sociedad, no comenzaría a ganar apoyo popular hasta los pogromos rusos de 1881, que pusieron en marcha un éxodo de millones de personas en Europa oriental y occidental.

Antes de 1881, ya se habían producido algunos intentos de crear comunidades agrícolas judías en Palestina. Pero el fundamento de la London Hebrew Society for the Colonization of the Holy Land, fundada por judíos en 1861, era la filantropía, no el nacionalismo.[12] Ese mismo año fue testigo de la creación de la Alliance Israélite Universelle, una institución para la protección y avance de los judíos en general, y de los judíos de Europa y países musulmanes en particular. En 1870, la Alliance estableció la Escuela Agrícola Mikvé Israel cerca de Jaffa, con la obvia intención de asentar población judía en Palestina en una escala considerable.

Tras el asesinato del zar Alejandro II en 1881, y los pogromos que le siguieron en Rusia, el entusiasmo por la haskalá se derrumbó y en su lugar surgió un nuevo movimiento conocido como Hibbat Sión (o Hovevei Sión: El amor de Sión). Se formaron sociedades en centros judíos donde se discutía la cuestión de establecerse en Palestina como una perspectiva práctica inmediata y el estudio del hebreo como lengua viva.

Los primeros colonos pertenecían a una organización de estudiantes judíos rusos conocida como Bilu y formada en Jarkov para la colonización de Palestina. El crecimiento del nacionalismo judío coincidió con el auge del nacionalismo árabe en las provincias árabes del Imperio Otomano.

El despertar árabe

En su conocido libro The Arab Awakening, George Antonius describió las manifestaciones pioneras de la conciencia política en el Vilayet de Siria: «Se puede decir que el movimiento nacional árabe lanzó su primer grito en una reunión secreta de algunos miembros de la Sociedad Científica de Siria (1868)».[13]

No es necesario entrar aquí en los detalles de la cuestión. Baste decir que, después de siglos de inercia política, el Oriente árabe comenzó a experimentar un cierto despertar político y la conciencia de una identidad árabe común. El 13 de diciembre de 1875, el cónsul británico en Beirut informó: «Desde hace algunos años ha existido entre ciertas clases de la población de Siria, especialmente la mahometana, una tendencia a desear la anexión a Egipto, lo que ha crecido gradualmente en intensidad».[14]

El 28 de junio de 1880, el cónsul general británico en Beirut informó de la aparición de «carteles revolucionarios en Beirut».[15] En los telegramas siguientes, el diplomático enumeró los puntos principales de la primera declaración grabada de un programa político árabe (1880):

1. Garantizar la independencia de Siria en unión con el Líbano.

2. Reconocimiento de la lengua árabe como lengua oficial en el país.

3. Eliminación de la censura y otras restricciones a la libertad de expresión y difusión del conocimiento.[16]

A partir de la escasa evidencia disponible sabemos que Palestina no quedó aislada de las nuevas tendencias políticas en el Levante. Después de que Arabi Pashá se enfrentara a los británicos en Egipto, el cónsul británico informó sobre disturbios y agitación en Jerusalén y Jaffa:

Es muy cierto que los musulmanes nativos simpatizaron profundamente con Arabi, como mahometano luchando contra los infieles y, más especialmente, como el campeón de la raza árabe musulmana, de cuyo éxito dependían las posibilidades de futuro de su raza, y no solamente el repeler la invasión de Egipto.[17]

Dos años más tarde, el cónsul británico informó sobre las reacciones de los palestinos a la revuelta del Mahdi en Sudán de la siguiente manera:

Si bien el sentimiento general de los musulmanes en cuanto al aspecto religioso del movimiento (Mahdi) es el que ya he mencionado, hay de su parte una corriente subyacente de simpatía cuidadosamente reprimida en favor del Mahdi, como árabe que lucha por su raza contra la dominación y el desgobierno otomanos.[18]

Este naciente sentimiento nacionalista no se tradujo en ninguna forma de expresión antijudía. Aunque la lucha civil y la tensión entre las diversas sectas religiosas no eran infrecuentes, en su primer informe sobre la situación de los judíos en Palestina (1839), el vicecónsul Young informó al vizconde Palmerston de que los judíos estaban autorizados a vivir en barrio musulmán y que (…) «si un judío viniera aquí en busca de seguridad, la buscaría antes en la casa de un musulmán que en la de un cristiano.»[19]

En 1853 el embajador británico en Constantinopla informó de que cuatro años antes «un judío fue admitido en las reuniones del Mejlis (Consejo) de Jerusalén».[20]

Lo que empezaba a fraguarse

Sin embargo, el advenimiento de los asentamientos agrícolas judíos inspirados en las ideas sionistas de un retorno nacional a Sión traería un cambio definitivo en el carácter de los judíos de Palestina. Los nuevos inmigrantes ya no eran viejos judíos piadosos que iban a Palestina a orar y morir, sino más bien jóvenes que venían a vivir con la intención de establecer una nación judía propia. Los nuevos colonos judíos encontraron apoyo y respaldo en el barón Edmond de Rothschild; y a partir de 1896, la Jewish Colonisation Association del barón de Hirsch empezó a interesarse en asentar judíos en Palestina.

Entre 1880 y 1910, el incremento neto de la población judía en Palestina fue de 55.000 personas. Casi desde el principio, los nuevos colonos causaron fricción y ofendieron a la población local «porque ignoraban la lengua y las maneras árabes. Por ejemplo, los judíos, desconociendo la costumbre del masha,* consideraban las incursiones de los pastores árabes con sus rebaños como intrusión y los expulsaban por la fuerza, etc.».[21]

Algunos terratenientes ricos estaban dispuestos a vender tierras a los nuevos inmigrantes a precios rentables. Sin embargo, «el desalojo de los campesinos de la tierra causó graves enfrentamientos».[22] Es interesante señalar que, en algunos casos, las tierras fueron vendidas por el gobierno a los judíos porque los campesinos no podían pagar sus impuestos, y en otras ocasiones los campesinos fueron víctimas de usureros, los que a su vez vendieron las tierras a los inmigrantes judíos.[23] No era de extrañar, en esas circunstancias, que ya en 1886 los campesinos árabes desalojados atacaran las colonias judías recientemente establecidas, en protesta por verse desposeídos de sus aldeas.[24] Las aprensiones de los campesinos eran compartidas por la pequeña clase –predominantemente cristiana– de comerciantes y profesionales que temían la amenaza de la competencia económica que vendría después.

La fricción entre los colonos judíos y los campesinos puede haber sido –entre otros factores– lo que empujó a las autoridades a imponer restricciones a la inmigración judía. En marzo de 1887, el cónsul británico en Jerusalén informaba que «desde hace algún tiempo las autoridades locales turcas (…) han venido impidiendo que los judíos extranjeros se asienten en Jerusalén, o en Palestina en general».[25] En 1890, los notables árabes de Jerusalén protestaron ante Constantinopla contra Rashad Pasha, el mutasarrif**de Jerusalén, por sus inclinaciones hacia los judíos. La protesta fue seguida, el 24 de junio de 1891, por una petición «organizada por los notables musulmanes de Jerusalén al Gran Visir para que se prohíba a los judíos de Rusia la entrada en Palestina y la adquisición de tierras allí».[26] Veremos más adelante que esta primera protesta enunciaba las dos exigencias cardinales que reiterarían todas las protestas posteriores contra la inmigración y colonización judía, a saber: prohibición de la inmigración y de la venta de tierras en Palestina.

El conflicto por el desalojo de los campesinos de las tierras árabes recién compradas por judíos continuó durante la última década del siglo XIX. Mandel describió el patrón de las reacciones entre la población rural de Palestina hacia las nuevas colonias como de «resentimiento inicial, hostilidad reprimida o abierta, que con el tiempo dio paso a la resignación y a una reconciliación tan solo aparente».[27] En 1895, después de conversar con comerciantes árabes palestinos, Najib al-Hajj, editor del Abu-al-Hol de El Cairo, acusó a los colonos judíos de despojar a los árabes de sus medios de subsistencia.

Tanto Rashad Pashá –el mutasarrif otomano– como los palestinos con mayor formación no tardaron en percibir que los sionistas buscaban establecer un Estado judío en Palestina. Yusuf al-Khalidi «veía al movimiento sionista con gran preocupación; reconocía la existencia de un problema judío en Europa (…) pero también preveía que no se podría establecer un Estado judío en Palestina sin hostilidades y derramamiento de sangre a causa de la oposición árabe».[28]

El muftí de Jerusalén, Muhammad Taher al-Husseini, combatió la inmigración judía y su asentamiento en el campo, y en 1897 presidió una comisión que estudió las solicitudes de transferencia de tierras en la mutasarrifiyya, con lo que frenó de manera efectiva todas las compras judías durante unos pocos años.[29] En 1900 hubo una campaña de protesta mediante peticiones firmadas contra la compra de tierras por parte de judíos.[30]

Temores y aprensiones

En ese mismo año, A. Antebi, de la Jewish Colonial Association (una institución no sionista), apuntaba: «Los sionistas habían predispuesto negativamente a la población musulmana hacia todo progreso alcanzado por la población judía». Y según recoge Mandel, «un año y medio más tarde, campesinos musulmanes analfabetos le preguntaron [a Antebi]: “¿Ha llegado la hora de que los judíos quieran retomar este país?”, y a principios de 1902 la mala disposición se había extendido al Consejo de Administración, a los tribunales de justicia y a funcionarios del gobierno, muchos de los cuales, especialmente en los niveles más bajos, pertenecían a la población local».[31]

Los sentimientos religiosos eran un motivo adicional de resentimiento:

Los sentimientos musulmanes en Jerusalén se reflejaban en la siguiente declaración hecha en 1903 por un joven (y según se indicó, no muy fanático) árabe: « Verteremos hasta la última gota de nuestra sangre antes de ver nuestra Haram al-Sharif* en manos no musulmanas.»[32]

También vale la pena señalar que los funcionarios del gobierno local, cristianos y musulmanes educados,

estaban interesados en la literatura sionista, y algunos incluso leían el Ha-Po ‘el Ha-Za’ir.**Esto explica el estado de alarma entre la población árabe de Palestina después del Séptimo Congreso Sionista celebrado en 1905, el cual resolvió que los esfuerzos debían dirigirse enteramente hacia Palestina.

Los palestinos no estaban del todo solos en percibir las implicaciones de la inmigración y colonización agrícola judía en Palestina. Rashid Rida, uno de los más prominentes reformistas islámicos y editor del influyente AI-Manar, reconoció que los judíos buscaban su soberanía nacional en Palestina.[33] En su libro La Reveil de la Nation Arabe (París, 1905), Najib Azoury anunció que las aspiraciones nacionalistas árabes y las de los sionistas entrarían en conflicto. Debido a que Azoury llamaba a la independencia árabe, las copias de su manifiesto tuvieron que ser introducidas de contrabando en Palestina, y como resultado varios notables árabes de Jaffa, Gaza y Ramala fueron encarcelados por las autoridades otomanas.[34]

Hacia el final del siglo XIX tuvo lugar un importante evento que marcaría dramáticamente el destino de Palestina: el nacimiento del sionismo organizado en el Primer Congreso Sionista de 1897, donde se formuló el programa y se creó la Organización Sionista. El programa sionista, o Programa de Basilea,[35] declaraba que «el objetivo del sionismo es crear para el pueblo judío un hogar en Palestina garantizado por la ley», lo cual se lograría mediante la promoción sistemática del asentamiento de judíos agricultores y artesanos en Palestina, además de fortalecer la conciencia nacional judía a través de las federaciones sionistas de todo el mundo. Después de crear la Organización Sionista, su fundador, Theodor Herzl,[36] procedió a crear los instrumentos para la colonización sistemática. Herzl tenía sus recelos sobre la colonización desordenada que era apoyada por judíos ricos en una especie de aventura mixta nacionalista-filantrópica. Para él no era el camino correcto hacia el logro de los objetivos sionistas. Los instrumentos elegidos para su proyecto colonizador fueron elJewish Colonial Trust (1898), la Colonisation Commission (1898), el Fondo Nacional Judío (1901) y la Palestine Land Development Company (1908).[37] Con la llegada de la segunda aliya a Palestina (1904-1907) prevaleció una actitud más decidida, mejor organizada e ideológicamente comprometida. Las actitudes de los colonos entre la primera y la segunda aliya diferían en varios aspectos, de los cuales el más importante era su actitud hacia la población árabe de Palestina. Un líder destacado de la segunda aliya, David Green (Ben Gurión),[38] se refirió a la situación de los judíos en el momento de su llegada en 1906:

Una de las primeras decepciones fue el espectáculo de los judíos de la primera aliya, que ahora vivían como efendis,* obteniendo sus ingresos de bosques y campos cuidados por trabajadores contratados, o de actividades como las impuestas a nuestro pueblo por el exilio. Para mí estaba claro que nunca íbamos a lograr la rehabilitación nacional de esa manera.[39]

Según Ben Gurión, los objetivos y logros de la segunda aliya eran radicalmente diferentes de los de la primera: «La aliya pionera dio a luz una comunidad judía radicalmente diferente de todas las demás, independiente en cuanto a la economía, la cultura y el lenguaje, capaz de defenderse a sí misma».[40]

Aquí nos encontramos con el prototipo, por así decirlo, del embrión del Estado sionista tal como era concebido: exclusivamente judío, motivado por ideales sionistas y casi completamente aislado. El concepto sionista clave en este contexto era kibush avodá (‘conquista del trabajo’). En el libro Ben Gurion Looks Back, el veterano líder sionista explicaba este concepto y la lucha que supuso contra los terratenientes judíos que preferían trabajadores árabes en lugar de judíos sin experiencia, así como el despido de los guardias circasianos, con la consiguiente aparición de la organización de vigilantes llamada Hashomer, precursora de la Haganá**.[41]

Esta actitud rígida y doctrinaria hacia los «nativos» no dejaba lugar a la conciliación. Los campesinos árabes arrendatarios no sólo fueron despojados, también se les impidió ser contratados como jornaleros. La reacción fue de resentimiento generalizado, y hacia 1907 «el sentimiento antijudío se había intensificado entre los sectores más influyentes de la población árabe, y era latente entre los fellahin*** que tenían contacto con los colonos judíos».[42]

(Sigue en el Capítulo 2 – Cristalización: 1908-1914)

 

 

Notas de la traductora 

* El Imperio Otomano, después de la ley aprobada en 1867, dividía administrativamente su territorio en provincias (vilayet), sub-provincias (sanjak) y otras unidades menores en jerarquía. (N. de la T.; Fuente: Wikipedia [también en lo sucesivo salvo que se indique lo contrario]).

*Tanzimat (“regulación y organización” en turco) es el período entre 1839 y 1876 en el que se ejecutó una política de renovación a todos los niveles (político, económico, burocrático y social), en un intento de modernizar el Imperio Otomano ante la presión de las potencias occidentales. (N. de la T.)

* Masha (palabra árabe que significa ‘bienes comunes’) era un sistema de propiedad colectiva del campesinado palestino, por el cual la tierra se usaba de forma rotativa y se redistribuía periódicamente. Fue combatido por el Mandato Británico porque, entre otras cosas, dificultaba la parcelación y comercialización de la tierra, principal objetivo de los colonos sionistas. (N. de la T.)

** Mutasarrif: Autoridad administrativa que gobernaba en un sanjak o subprovincia, nombrada directamente por el Sultán. (N. de la T.)

* Se llama así (“el noble santuario” en árabe) a la Explanada de las Mezquitas, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde se encuentran la mezquita de Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca. (N. de la T.)

** Nombre del primer periódico del movimiento laborista judío en Palestina, fundado en 1907. (N. de la T.)

* Efendi (que puede traducirse como ‘Señor’) era un título de respeto o cortesía utilizado en el Imperio Otomano para referirse a una persona de alto nivel social o educativo. (N. de la T.)

** La Haganá (en hebreo‎ ‘la defensa’) era una organización paramilitar sionista creada en 1920, durante la época del Mandato Británico. Fue responsable de la nakba o limpieza étnica de la población árabe nativa de Palestina, y precursora del ejército de Israel. (N. de la T.)

*** Fellahin (en singular, fellah) es el término árabe para ‘campesinos’. (N. de la T.)

 

NOTAS DEL CAPÍTULO 1

[1]Vital Cuinet, Syri, Libanet Palestine, Géographie Administrative, Statistique, Descriptive et Raisonnée. París, 1896, p.520.

[2]Ibid., pp.93, 180 y 520.

[3]Arthur Ruppin, The Jewish Fate and Future, Londres, 1940, p.54.

[4]Una práctica que garantizaba a las personas no musulmanas una autonomía limitada bajo las principales autoridades religiosas de las distintas confesiones.

[5]James Finn al vizconde Palmerston, 7 de noviembre de 1851, FO 78/874, Nº 20.

[6]Albert Hourani, Ottoman Reform and the Politics of Notables, manuscrito inédito, pp.6-7 (publicado posteriormente en Beginnings of Modernisation in the Middle East: The Nineteenth Century, editado por William R. Polk y Richard L. Chambers, Chicago, 1968, pp.41-68).

[7]Ibid., pp.30-31.

[8]Ibid., p.35.

[9]Albert Hyamson, The British Consulate in Jerusalem in Relation to the Jews of Palestine1838-1914,

Londres, 1939-1941, parte I, p. xxxiv.

[10]El vizconde Palmerston al vizconde Ponsonby, 11 de agosto de 1840, FO 71 Nº 134.

[11]Arthur Hertzberg (ed.), The Zionist Idea: A Historical Analysis and Reader, Nueva York, 1959, p.29.

[12]Nahum Sokolow, History of Zionism: 1600-1918, 2 vols.,Londres, 1919, II, p.256.

[13]George Antonius, The Arab Awakening, Beirut, publicado por primera vez en 1938, p.54. Vertambién Albert Hourani, Arabic Thought in the Liberal Age 1978-1939, Londres, 1962; Zeine N. Zeine, Arab-TurkishRelations and the Emergence of Arab Nationalism, Beirut, 1958; y William Yale, The Near East, Ann Arbor,1958.

[14]13 de diciembre de 1875, FO 226/183.

[15]28 de junio de 1880, FO 195/1306.

[16]Antonius, op.cit., pp.834.

[17]1882, FO 226/204, Nº 37.

[18]14 de marzo de 1884, FO 195/1477.

[19]25 de mayo de 1839, FO 78/368, Nº 13.

[20]11 de agosto de 1853, FO 78/962, Nº 26.

[21]Neville Mandel, Turks, Arabs and Jewish Immigration into Palestine, 1882-1914, tesis doctoral inédita, St Antony’s College, Oxford, 1965, p.32.

[22]Ibid., p.37.

[23]Ibid., p.36.

[24]Ibid., p.40.

[25]5 de marzo de 1887, FO 195/1581, Nº 9.

[26]Mandel, op.cit., p.44.

[27]Ibid., p.56.

[28]Ibid., p.57.

[29]Ibid., p.155.

[30]Ibid., pp.102-3.

[31] Citado en ibid., p.132.

[32]Ibid., p.133.

[33]AI-Manar, Vol. IV, 1902, pp.801-9.

[34]Mandel, op.cit., pp.145-6.

[35]Se lo conoce comúnmente como “el Programa de Basilea” porque el Primer Congreso Sionista se reunió en esa ciudad de Suiza.

[36] Sobre las ideas y actividades de Herzl, ver Theodor Herzl,The Complete Diaries of Theodor Herzl, 5 vols.,

editado por Raphael Patai, traducido por Harry Zohn, Nueva York, 1960.

[37] Para más detalles sobre la estructura organizativa del sionismo ver Sokolow, op.cit., I, pp.263-131 passim.

[38]Ben Gurión pronto se convirtió en el pilar de la comunidad judía en Palestina y fue el líder sionista más importante desde los años treinta en adelante. En 1948 se convirtió en el primer primer ministro de Israel.

[39]David Ben Gurión, Israel: Years of Challenge, Londres, 1964, p.7.

[40]Ibid., p.42.

[41]Moshe Pearlman (editor y traductor), Ben Gurion Looks Back, Londres, 1965, pp.25-7.

[42]Mandel, op.cit., p.148.

Anuncios