Cap. 2 (Fragmentos)

Traducción de María M. Delgado

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Capítulo 2

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CRISTALIZACIÓN: 1908-1914

 

 

Hacia 1908, el resentimiento hacia los judíos que llegaban con la protección extranjera y los privilegios y ventajas de las Capitulaciones* empezó a adquirir nuevas dimensiones. Después de la Revolución Otomana de 1908, el periódico palestino AI-Asma’i  aprovechó las elecciones parlamentarias para trazar una comparación entre las condiciones del campesino árabe palestino y su homólogo judío, y señaló los perjuicios causados por la inmigración judía:

Dañan y hacen el mal a la población indígena, aprovechándose de los derechos especiales de que gozan los poderes extranjeros en Turquía, y de la corrupción y la traición de la administración local. Además de estar libres de la mayoría de los impuestos y pesadas imposiciones que soportan los súbditos otomanos, compiten con la población autóctona creando sus propios medios de subsistencia, y la población (nativa) no puede hacer frente a esa competencia.[i]

[…]

Un manuscrito hasta ahora inédito, escrito por un destacado miembro de la familia Khalidi[ii] en 1911, arroja luz sobre el estado general de la conciencia política en Palestina en ese momento, y proporciona valiosa información sobre las colonias judías. Este manuscrito, titulado al-Mas’ala al- Sahyuniyya (La cuestión sionista) […] comienza definiendo el sionismo, sus orígenes, historia y objetivos, el más importante de los cuales era el establecimiento de un Estado judío en Palestina. Con cierto detalle y considerable conocimiento, describe los esfuerzos de Herzl, los congresos sionistas y las instituciones diseñadas para servir y alcanzar los objetivos sionistas. Además, traza una perspicaz y clara distinción entre judíos sionistas y no sionistas. Después de un breve relato de la historia judía, el autor aborda de manera cuidadosa e instructiva las actividades de los inmigrantes judíos y sus colonias, ofreciendo a sus lectores una lista de todas las colonias judías, del área ocupada por cada una, su nombre original en árabe, y a quién compró la tierra.

[..]

A fines de 1909, la creciente oposición a la inmigración sionista se había vuelto explícita y sostenida, y encontraba cauce de expresión en los únicos periódicos árabes de Palestina, al-Asmai’ y al-Karmal. El editor de este último, Najib al-Khuri Nassar, jugó un papel destacado en hacer pública la amenaza que el sionismo suponía para Palestina y sus habitantes. Natural de Tiberíades, Nassar había trabajado como agente de la Asociación de Colonización Judía, y por tanto podía hablar con autoridad sobre los objetivos y los medios de la colonización judía en Palestina. En 1909 fundó al-Karmal con el propósito expreso de escribir contra el yishuv* y disuadir a los árabes de seguir vendiendo tierra a los judíos.[iii]

[…]

Hacia finales de año [1909] la crispación flotaba en el aire. En octubre, al-Ahram envió un corresponsal a Palestina para informar sobre la situación local. «Los palestinos están preocupados por el movimiento sionista; la constante inmigración crea miedo y ansiedad, pues el país está ahora casi en manos de extranjeros». El periodista escribió además que los palestinos acusaban al movimiento sionista de tratar de establecer un reino independiente, y afirmó que algunos judíos ricos se habían comprometido a pagar sumas de dinero al gobierno otomano para que los judíos otomanos de Palestina fueran eximidos del servicio militar y pudieran dedicar todos sus esfuerzos a la colonización, en tiempos en que los musulmanes y los cristianos no tenían otra alternativa que someterse al odiado reclutamiento.

En medio de resentimientos y sospechas de complicidad gubernamental, ese mismo año la oposición al sionismo y al asentamiento judío comenzó a tomar forma organizada. En octubre de 1909, Albert Antebi observó que se estaba formando un grupo entre la población local para evitar la venta de tierras a los judíos.[iv]

Además de las formas habituales de protesta –artículos de prensa, telegramas y delegaciones– ante los diferentes niveles de autoridad, el año 1910 fue testigo de la aparición de un llamamiento al boicot árabe contra los productos y negocios judíos, en represalia por el boicot sionista a la mano de obra y los comercios árabes.

En mayo de 1910, la prensa árabe atacó a la familia Sursuq por su intención de vender las aldeas de Fulah y Afulah a los judíos. Los habitantes de Nazaret y Haifa enviaron dos telegramas al gobierno central  en protesta contra la compra judía de tierras y acusando a los sionistas de querer despojar de su tierra a la población local.[v] Al-Karmal advirtió en contra de hipotecar cualquier terreno con la Compañía Anglo-Palestina debido a su identidad sionista.

[…]

Hacia el verano de 1910, varios periódicos árabes influyentes en Damasco (al-Muqtabas) y Beirut (al-Mufidal-Haqiqa y al-Ra’i al-‘Am) se sumaron a la campaña antisionista de la prensa contra la venta de tierras árabes a colonos judíos.

Durante los debates en el Parlamento, los diputados palestinos instaban al gobierno a tomar medidas contra la inmigración judía y la compra de tierras, promoviendo y propagando la idea de la incompatibilidad entre los intereses otomanos y los objetivos sionistas en Palestina. «Durante marzo y abril, el Dr. Jacobson informó desde Constantinopla que los diputados árabes –especialmente Ruhi Bey al-Khalidi– estaban llevando a cabo una campaña para aprobar nuevas leyes contra la inmigración judía a Palestina».[vi]

[…]

El 24 de mayo de 1911, el diario judío ha-Herut incluía el texto de un folleto que proclamaba el surgimiento de la oposición organizada árabe palestina al sionismo. El folleto estaba firmado por al-Hizb al-Watani al-‘Uthmani (el Partido Nacional Otomano). El partido se dirigía a los árabes de Palestina en estos términos:

El sionismo es el peligro que se cierne sobre nuestra patria; [el sionismo] es la terrible ola que golpea [nuestras] costas; es la fuente de los actos fraudulentos que experimentamos como un aguacero, y al que debemos temer más que a andar solos en la oscuridad de la noche. No sólo eso: es también el presagio de nuestro futuro exilio lejos de nuestra patria y de (nuestra) partida de nuestros hogares y propiedades.

[…]

El crecimiento de la oposición árabe al sionismo fue descrito por el corresponsal en Palestina de Ha’olam, el órgano central sionista, en los siguientes términos:

La mayor fuerza en Palestina son los árabes (…) olvidamos por completo que hay árabes en Palestina, y los hemos descubierto hace poco (…) nunca les prestamos atención, nunca tratamos de trabar amistad con ellos. Los mayores enemigos de los esfuerzos judíos son los intelectuales cristianos árabes.[vii]

La última frase suponía un reconocimiento a los esfuerzos de Najib Nassar, editor de al-Karmal, cuya perseverancia inquebrantable en la lucha contra el sionismo se demostró eficaz para agitar la opinión pública dentro y fuera de Palestina contra la inmigración y el asentamiento sionistas. El 7 de junio de 1911, Nassar publicó en al-Karmal una carta abierta dirigida a los editores de todos los periódicos que compartían sus puntos de vista, proponiéndoles unirse en un frente común contra los sionistas.

[…]

El mismo año [1911] Najib Nassar también publicó un libro titulado al-Sahyuniyya: Tarikhuha, Gharaduha, Ahammiyyatuha (Sionismo: su historia, fines e importancia), donde afirmaba que el movimiento sionista tenía una base racial y sus objetivos eran tanto nacionales como políticos. Ponía énfasis en sus instituciones independientes, sus sociedades paramilitares de gimnasia, su bandera y sus símbolos. Después de afirmar que el sionismo pretendía conquistar «el dominio sobre nuestro país y  nuestras fuentes de sustento», señalaba que «se requiere un liderazgo firme y planes audaces y ambiciosos (…) Nosotros los árabes tenemos que confiar en nosotros mismos y dejar de esperarlo todo del gobierno».

Los palestinos estaban descubriendo que el gobierno no parecía muy interesado en protegerlos del peligro sionista.

[…]

A principios de 1912, los sionistas ya hablaban del «espíritu de enemistad que ha comenzado a echar raíces entre las masas en el mutasarriflik de Jerusalén».[viii]

La campaña antisionista en la prensa árabe continuó sin pausa. Al-Munadi, un periódico que empezó a editarse en Jerusalén en la primavera de 1912, se mostró abiertamente antisionista desde su primera edición.

[…]

En el mismo tono, al-Muqtabas alegaba en su edición del 25 de diciembre de 1912 que «el sionismo trata de destruir la totalidad de nuestra economía y nuestra política».

     Falastin, que iba camino de convertirse en el principal periódico antisionista, informó a sus lectores, en su edición del 28 de agosto de 1912, que los inmigrantes eran dueños de treinta colonias o aldeas, que la inmigración continuaba a un ritmo acelerado, y que un día el hebreo se convertiría en el idioma oficial del país. «Los sionistas tienen escuelas avanzadas y numerosos periódicos importantes, y sociedades poderosas que los respaldan.» El artículo concluía exhortando a los árabes de Palestina a despertar para evitar una catástrofe antes de que fuera demasiado tarde. Tres días después, el mismo diario llamaba a la unidad de todos los palestinos para combatir el peligro sionista.

[…]

Al-Karmal marcó el rumbo para 1913 en un editorial del 3 de enero en el que analizaba la situación política general y evaluaba la campaña que el periódico había llevado adelante durante cuatro años contra el sionismo (…) El artículo concluía afirmando que «un buen número de personas esclarecidas, periodistas y funcionarios del gobierno (local) reconocen el peligro sionista que nos acecha y están luchando con nosotros contra ese peligro».

Durante el verano de 1913, Siria fue el escenario de una campaña de protestas generalizadas contra la venta de tierras estatales a los judíos en Beisán. En junio, Falastin publicó dos telegramas de los líderes de los pueblos y tribus de Beisán (…) En dichos telegramas, los habitantes explicaban que las tierras en cuestión les habían sido usurpadas y registradas a nombre del sultán anterior, y que el Estado ahora planeaba venderlas a los extranjeros. El telegrama recordaba al Sultán que el deber de las autoridades en el poder era salvaguardar los intereses de sus súbditos, que pagaban impuestos y servían en el ejército. «Preferimos morir defendiendo nuestra nación y nuestros bienes antes que emigrar a destinos desconocidos y perecer de inanición».[ix]

El 29 de junio [de 1913], Falastin dio a entender que lo que Palestina –la «amada nación»– necesitaba era la dicha de la independencia, aunque «no nos atrevemos a explicitarlo».

[…]

En agosto [de 1913], Falastin informó a sus lectores de que había tenido que aumentar el número de sus páginas para dar cabida al creciente número de peticiones y protestas contra la invasión sionista. El 12 de agosto, al-Karmal informó en su portada de una gran manifestación en Nablus contra la inminente venta de tierras de Beisán a los judíos, en la cual hubo discursos vehementes y enérgicos y se enviaron telegramas de protesta a las autoridades. Tres días más tarde, al-Karmal propuso celebrar un congreso antisionista en Nablus a fin de discutir las formas y medios para combatir el peligro sionista.

[…]

El llamamiento de al-Karmal a la organización fue fundamental al preparar el terreno para el surgimiento de una Sociedad Antisionista con sede en Nablus y delegaciones en otras ciudades palestinas. Esta sociedad convocó manifestaciones contra la intención del gobierno de vender tierras por subasta pública, envió telegramas de protesta y propuso que la preservación de los derechos de los campesinos a sus tierras –usurpadas por el gobierno– se pudiera garantizar a través de pagos anuales. La Sociedad Antisionista dirigió la agitación y la lucha contra el sionismo en Palestina trazando el rumbo y la pauta de articulación desde Nablus, donde no existían elementos o influencias judías para contrarrestar sus actividades. Ya el 3 de agosto, Antebi comentaba que «La Sociedad Antisionista va ganando adeptos y se encamina hacia su fase activa».[x]

[…]

Las autoridades otomanas no estaban del todo contentas con la vehemencia que caracterizaba a la oposición al sionismo en los periódicos árabes, y de vez en cuando tomaban medidas disciplinarias contra ellos. La suspensión de los periódicos árabes comenzó a despertar sospechas entre los palestinos de que los gobernantes turcos y los sionistas eran aliados en la lucha contra el incipiente movimiento nacional de independencia árabe.

[…]

En los meses que precedieron a la Primera Guerra Mundial el antisionismo estaba en su apogeo en Palestina. Era evidente la existencia de una oposición organizada al sionismo: la prensa hablaba sin tapujos contra él; las personas que cooperaban con los sionistas eran inequívocamente denunciadas; además, el antisionismo tuvo un lugar destacado en la campaña de la mayoría de los candidatos palestinos al Parlamento otomano.

El 24 de febrero de 1914, al-Karmal informó de que la juventud árabe en Constantinopla había fundado una sociedad antisionista. Hacia finales de abril, Ibry expresó al Dr. Ruppin su certeza de que en Jerusalén y Jaffa existía una organización especial de jóvenes, tanto cristianos como musulmanes, «para luchar contra nosotros [los sionistas] por todos los medios en toda Palestina».[xi]

[…]

El 7 de julio, al-Karmal publicó una «Llamada General a los Palestinos» que había recibido de Jerusalén y que, presumiblemente, había sido distribuida por una de las organizaciones recién creadas en esa ciudad. La Llamada reflejaba la tensa atmósfera política que prevalecía en el país y trataba de movilizar a la opinión pública como preparación para una acción más drástica:

(…) ¿Queréis ser esclavos de los sionistas que han venido a echaros de vuestro país, afirmando que es suyo? (…) ¿Estáis vosotros, musulmanes, palestinos, sirios, árabes, felices con esto? Moriremos antes de dejar que eso suceda.

[…]

Durante los primeros siete meses de 1914, la prensa árabe palestina jugó un papel clave en movilizar a la opinión pública y preparar el terreno para la acción organizada y concertada contra los sionistas. La prensa denunciaba asiduamente: «Las personas ricas e influyentes que han sido cegadas por el interés propio no ven el peligro sionista que nos rodea, y prefieren tener un presente dorado a costa de un oscuro futuro para sus hijos».[xii]

[…]

El 2 de abril de 1914, Falastin publicó «El peligro sionista y la prensa árabe», un artículo donde expresaba su satisfacción al observar una campaña antisionista generalizada en El Cairo, Beirut y Damasco. El periódico rendía homenaje al papel pionero de al-Karmal «en la lucha patriótica» contra el sionismo, que había sido asumida poco después por el mismo Falastin, así como por al-Muqtabasal-Ra’i al-‘AmFatat al-‘Arab y al-lslah sucesivamente.

[…]

[En 1914, el semanario egipcio] al-lqdam publicó una entrevista con Khalil Sakakini, «uno de los fundadores de la Escuela Constitucional de Jerusalén, donde el espíritu de antagonismo hacia el colonialismo sionista se está propagando». En el curso de la breve entrevista, Sakakini ofreció una descripción profunda sobre la naturaleza del desafío sionista:

Los sionistas quieren adueñarse de Palestina, es decir, del corazón de los países árabes y el eslabón entre la península árabe y África. Parece que quisieran romper la cadena y dividir a la nación árabe (al-Ummah al-Arabiyyah) en dos secciones para evitar su unificación y solidaridad. El pueblo debería ser consciente de que posee un territorio y una lengua. Si quieres matar a una nación, córtale la lengua y ocupa su territorio; y esto es lo que los sionistas pretenden hacer con la nación árabe.

Otra personalidad política, Faydi ‘Alami, advirtió que si las cosas seguían el mismo curso, «los sionistas serán los dueños del país y nosotros seremos forasteros».

Jamil Husseini resumió todo el problema (…) en pocas palabras:

La prioridad es resistir al sionismo, ya que es perjudicial para los habitantes del país y se propone  despojarlos de sus tierras. Pero ¿cómo podemos resistir y luchar contra ellos cuando el gobierno les presta su respaldo y apoyo, y cuando los habitantes son gente ignorante? Los empleados del gobierno están trabajando para facilitar que los sionistas se apoderen del país.

Casi al mismo tiempo, una serie de notables de Jerusalén, Jaffa y Gaza hizo un llamamiento a los miembros de al-Muntada al-Adabi en Constantinopla y al periódico turco Pyam. La exhortación aludía a la difícil situación de los campesinos palestinos, así como de los comerciantes y empleados públicos, a causa de los planes y la influencia sionistas. «Si las personas honestas no vienen al rescate de los palestinos –afirmaba la declaración– su suerte será similar a la de los indios americanos. El sionismo es un Estado dentro del Estado otomano, y pone en peligro la existencia misma de los árabes en Palestina».[xiii]

A mediados de abril [de 1914], Ahmad al-‘Aref, un ex miembro del Parlamento, dijo al editor de al-lqdam que «el único tema de conversación entre los palestinos en la actualidad (…) es el sionismo; todos están asustados y atemorizados por él».

[…]

El 20 de abril de 1914, las autoridades locales suspendieron Falastin por orden del Ministerio del Interior, con el argumento de que un artículo que había aparecido el 4 de abril enconaba las relaciones entre las razas. Después de la suspensión, Falastin emitió una circular a sus lectores y suscriptores que atacaba al gobierno por considerar a los sionistas como una raza, cuando –sostenía el diario– no eran más que un grupo político. El periódico distinguía entre judío y sionista, y culpaba al sionismo por las tensiones imperantes:

Hace diez años los judíos vivían como hermanos otomanos, amados por todas las razas otomanas (…) vivían en los mismos barrios, sus hijos iban a las mismas escuelas. Los sionistas pusieron fin a todo eso e impidieron cualquier interacción con la población indígena. Ellos boicotearon la lengua árabe y a los comerciantes árabes, y declararon su intención de arrebatarles el país a sus habitantes.[xiv]

La publicación citaba al Dr. Urbach, del movimiento sionista de Haifa, diciendo que el sionismo debería  levantarse contra los árabes, dividirlos y desalojarlos, sirviendo así a los intereses otomanos.

Además, Falastin advertía a las autoridades que el sionismo ya no era un fantasma, sino una amenaza tangible. El gobierno central podría cerrar Falastin, pero había otros periódicos patrióticos para «portar la antorcha», y allí estaba la juventud de Palestina, «hirviendo de ansiedad por el futuro amenazado».

[…]

Las clases medias, los profesionales, los artesanos y los grupos literarios veían con preocupación la competencia económica y el peligro político que representaba el sionismo en Palestina. Los editores de periódicos y los estudiantes pertenecían a estas clases; por eso fueron fundamentales en la movilización de la opinión pública contra el «peligro sionista» y constituyeron la columna vertebral de las organizaciones políticas y semipolíticas creadas para combatirlo. Fueron estos grupos de periodistas y estudiantes activos y enérgicos los que empujaron a los notables en la lucha contra el sionismo.

La reacción de los campesinos fue menos sofisticada y más violenta, ya que eran las víctimas directas de la adquisición de tierras por parte de los sionistas, especialmente después de la segunda aliya y la introducción de la política de kibush avodá [«Conquista del trabajo»; «Trabajo hebreo»]. Casi todos los ataques contra los asentamientos judíos fueron obra de campesinos desposeídos y desalojados como resultado de la venta de tierras a los sionistas.

Por lo tanto, dentro de las filas del movimiento nacionalista en Palestina los notables jugaron el papel de diplomáticos, las clases medias educadas el de articuladores de la opinión pública, y los campesinos fueron los verdaderos combatientes en la lucha contra la presencia sionista.

 

Notas de la traductora 

* Las Capitulaciones (o ahdnames) eran contratos entre el Imperio Otomano y las potencias europeas, heredados del Imperio Bizantino. Se trataba de subvenciones concedidas por los sultanes a las naciones cristianas, que conferían privilegios (tales como exención de impuestos, de reclutamiento y de imputación) a súbditos que residían o comerciaban en los dominios otomanos. (N. de la T.).

* Término hebreo para referirse a la población judía asentada en Palestina antes de la creación del Estado de Israel en 1948. (N. de la T.).

 

NOTAS DEL CAPÍTULO 2

[i] Neville Mandel, Turks, Arabs and Jewish Immigration into Palestine 1882-1914, pp. 164-165.

[ii] El Manuscrito se encuentra bajo la custodia del Profesor Walid Khalidi. La autoría no se conoce con certeza, aunque es casi seguro que pertenece a Ruhi al-Khalidi, un destacado intelectual y político palestino en las dos primeras décadas del siglo XX.

[iii] Mandel, op.cit., p.204. Al-Karmal fue fundado en Haifa.

[iv] Albert Antebi a H. Frank, 18 de octubre de 1909, AIU IX E.27, citado en Mandel, op.cit. p. 214.

[v] Le JeuneTurc, Constantinopla, 7 de mayo de 1910.

[vi] Arthur Ruppin (Jaffa) a ZCO, 31 de marzo de 1911, CZA Z2/635, citado en Mandel, op.cit., p. 251.

[vii] Ha’olam, vol.V (1911), citado en Moshe Pearlman, «Chapters of Arab-Jewish Diplomacy», en Jewish Social Studies, 1944.

[viii] Ver Mandel, op.cit., p. 300.

[ix] Falastin, 5 de junio de 1913.

[x] Antebi al Presidente de JCA, 31 de agosto de 1913, JCA 268/Nº 218, citado en Mandel, op.cit., p. 390.

[xi] Citado en Mandel, op.cit. p. 476.

[xii] Falastin, 26 de marzo de 1914.

[xiii] Falastin, 29 de marzo de 1914.

[xiv] Ibid., 29 de abril de 1914.